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January 17th, 2018

Mi vida cuando estaba en mi peso más bajo

Este tema me gusta discutirlo con mis pacientes. Hablamos de como en algún momento con alguna dieta “lo logramos” y estábamos en nuestro peso más bajo. Y en otros casos hablamos sobre como su trastorno alimentario las ha llevado a su peso más bajo, así que tratamos de analizar como nos hacían sentir éstas conductas.

Al pensar en este punto se que una parte de mi estaba muy feliz. Lo estaba “logrando” y además todos a mi alrededor aplaudían mi pérdida de peso y mis conductas (aunque las conductas fueran de trastorno, si, muchas conductas de las dietas son conductas de trastorno). Ésta felicidad por perder peso, no me dejaba ver en ese momento como me sentía realmente. Y ahora lo puedo ver.

Mi pensamiento principal durante todo el día y hasta en el momento de dormir era la comida. Era pensar en todo lo que “no podía” comer e incluso pensar en alimentos que normalmente no deseaba pero por estar prohibidos no podía dejar de pensar en ellos. Luego era pasar con hambre todo el día engañándome que me sentía super bien porque me estaba “desintoxicando”. Desayunaba y a los 30 mins seguía con hambre. Eran las 9-10 de la mañana y seguía viendo el reloj esperando que ya fuera la hora de almuerzo. Mientras tanto a esa hora en consulta, me temblaban los brazos de la falta de energía. Además, me sentía de mal humor al ver entrar a otro paciente al cuál le tenia que hablar de comida, yo seguía con hambre y no llegaba la hora de almuerzo.

A la par del lugar de mi trabajo había una isopan, lo cual era un sufrimiento porque no podía dejar de pensar en que a una corta distancia habían donas, pan dulce, pan salado, galletas. Etc. Así que por supuesto “rompía” mi dieta y cuando no habían pacientes me iba s comer la dona y el pan dulce para luego sentirme culpable y empezar otra vez.

Además, recuerdo de estar en la playa con “mi nuevo cuerpo” para recibir el comentario de: ahora te falta broncearte y tonificar. Entonces, ¿nunca iba a ser suficiente?

También recuerdo que para cumplir con la dieta tenía que dejar de socializar de cierta manera. O no salir o no poder disfrutar de lo que todos comían. Empezar a pensar en cada cosa que estoy comiendo y enfocarme más en eso que en el momento. Lo cual duraba por épocas, porque no es normal vivir así. Y es nuevamente una conducta de trastorno, el encerrarte por la comida. Recuerdo un día en específico, estaba a dieta para mi graduación y tuvimos una práctica del acto en donde al terminar tenían algunos aperitivos para celebrar. Vi la comida, se me antojó todo y todos estaban platicando mientras comían. Era de los últimos días donde estaría con mis amigas. Me perdí el momento por irme a comer mi comida de dieta al carro mientras lloraba. ¡Yo también quería de esos taquitos! Y por supuesto, el día de la graduación en lugar de enfocarme en lo más importante que era el logro de graduarme, lo enfoque en mi peso y así lo hicieron las personas a mi alrededor felicitandome más por mi peso que por mi logro académico.

Estoy agradecida que mi vida de dieta duró pocos años y pude conocer de la alimentación intuitiva a una temprana edad. Porque en estos años la dieta fue un ladrón. Ladrón de dinero, de tiempo, de tantos pensamientos, de momentos que no se van a repetir, de enfocarme en lo que realmente importanta y sobre todo un ladrón de mi salud física y emocional.

Así que si hoy podría regresar a mi punto de peso más bajo, no lo haría porque hoy he decidido disfrutar mi vida.